El vestido y textil en la cultura mexicana

Una prenda, cualquiera que esta sea, es una memoria viva, es símbolo que es tiempo cristalizado en un elemento tangible. Observarla es documentar con la mirada una historia entretejida con cuantos saberes y colores atesora un grupo social; es capturar visualmente la ‘textura’ y el legado de una cultura.

Esa fue la misión que se propuso el profesor Renato Camarillo con sus estudiantes: la de mostrarles una pequeña evidencia de la cultura popular mexicana a través de su patrimonio textil. A la par, en esta ruta infinita del aprendizaje, otro cometido: preservar conocimiento y enriquecer la creatividad de las chicas por la misma vía, es decir, a través de aproximaciones a las esencias materiales de los pueblos.

En un primer momento o “estación de viaje”, las estudiantes de sexto semestre de la Licenciatura en Diseño Textil y Moda recibieron la sorpresiva visita de Hilán Cruz, un joven artista proveniente de Huauchinango, Puebla, quien demostró el extraordinario acervo de su tierra en plenas áreas verdes de CENTRO. La tarde de ese martes se vio trastocada por la magia Hilán y su telar amarrado a un árbol frente a la cafetería. Los ajenos a la dinámica lo miraban cual mago interviniendo con sus artes milenarias los espacios del campus.

Las estudiantes tomaron su lugar entre los jardines e hicieron un círculo alrededor del joven, contemplando con asombro la gracia con la que el nacido en la Sierra Norte poblana manejaba técnicas e instrumentos desconocidos. La lección de esa tarde fue el tejido en curva y sus espléndidos productos transmisores de conocimiento. Herramientas básicas que conllevan a la complejidad, como los quechquémitl, formados por dos lienzos tejidos por separado que deben, sin embargo, ser idénticos.

“En esta clase pudimos ver de cerca los textiles tradicionales. El profesor insiste mucho en el hecho de valorar el arte popular y diferenciarlo de las artesanías. No estamos acostumbradas a ver textiles de esa calidad; aquí ves la calidad real del arte popular, algo que no puedes ver paseando por la ciudad o yendo a comprar artesanías”, dijo la estudiante Itala Aguilera.

La lección continuó en el aula, pasando de la observación a la teoría y el tiento. Fue momento para que el profesor Renato tomara la conducción de la clase, sumergiendo a las estudiantes en conceptos y procesos que la mayoría de las presentes jamás habían conocido.

Despaciosamente, como ingresando por puertas hacia mundos extraños, las chicas empezaron a interesarse y formular preguntas sobre las comunidades que siguen empleando el telar en curva; a tocar materiales de colores únicos -como la lana teñida con añil o la seda silvestre con carmesí de grana cochinilla; a despejar sus mentes para información única, casi insurrecta a sus estándares.

“La concepción de moda está muy enfocada a la moda, digamos, ‘europea’. No nos damos cuenta de que aquí hay formas totalmente distintas de producir textil e indumentaria; que sí pueden hacerse cosas interesantes y muy diferentes a lo que se hace en la industria que todos conocemos. Esta clase sí me hizo pensar muchas cosas, como ver desde otro punto de vista de la industria y, sobre todo, la manera de producir textil e indumentario”, prosiguió Itala.

La segunda “estación” de este viaje a la cultura popular mexicana correspondió, otra tarde de martes, a una visita al acervo textil de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos indígenas (CDI). Un archivo tan valioso como desconocido no solo por la población en general, sino también por especialistas textiles.

Durante la visita de casi dos horas, las estudiantes palparon indumentarias tradicionales con un carácter museológico. Tuvieron, por primera vez, una herencia viva textil en sus manos: códigos de patrón y de color espectaculares, con pocos referentes dentro de la estética occidental.

“Las actividades han ido más allá del nombre de la clase; ha sido como ver el ingenio que han tenido los pueblos indígenas y aplicar eso a la moda. Que tú puedes crear más allá de las reglas que te ponen. En esta clase te das cuenta la manera en que una cultura, que es tan nuestra, y que estamos tan desapegados a ella, cuando en ella hay tanto ingenio, con sus propias reglas”, aseguró Mildred Ávila, de sexto semestre.

Al igual que un tejido, que es el resultado de un cruce indefinido de hilos para fundar una nueva indumentaria, el conocimiento es resultado de un cruce indefinido de saberes para producir nuevas formas de concebir objetos e ideas. Esta fue la pequeña gran aportación de la clase El Vestido y textil en la cultura mexicana para un grupo de estudiantes que, a partir de estas enseñanzas, reconocieron una nueva inspiración fundamentada en la identidad.

“Este tipo de experiencias te abren el panorama a otras cosas muy diferentes. Antes de esta clase yo veía todo lo mexicano como muy tradicional, como exotizado. Estudiándolo bien a fondo, con las técnicas que hay detrás, puede servir como inspiración para retomar técnicas tradicionales y aplicarlas en algo más contemporáneo”, concluyó la estudiante Lorea Olávarri.