Más que una moda, una revolución

Carry Somers y Frank Zambrelli en CENTRO

Cualesquiera que puedan ser los resultados de nuestras dificultades presentes y en el supuesto de que no perezcamos todos en la empresa, parece más que probable que la revolución, a diferencia de la guerra, nos acompañará en el futuro inmediato.

*Hannah Arendt



A lo largo del tiempo, han ocurrido sucesos que representan una irrupción en el devenir de la historia y que, debido a su enorme intensidad, generan un nuevo orden y una nueva estructura social y política; a este tipo de eventos, Alain Badiou los ha catalogado como “acontecimientos.” En tanto ruptura radical, los acontecimientos representan un parteaguas histórico, señalando un antes y un después en el transcurso de episodios y hechos. En la historia reciente de la moda, hay un acontecimiento que marcó un hito fundamental en el desarrollo y la praxis contemporánea: el colapso de la Plaza Rana en Bangladesh.

El 24 de abril de 2013, un compendio de edificios se derrumbó en la región de Savar, que forma parte del distrito Daca en Bangladesh, tras el rechazo por parte de los dueños de hacerse cargo de grietas estructurales ya presentes en la edificación. Además de bancos y otros comercios, la Plaza Rana estaba compuesta primordialmente por fábricas de ropa operadas por más de 5,000 trabajadores –principalmente mujeres– bajo condiciones de trabajo infrahumanas. En las diversas fábricas del compuesto de edificios se fabricaba ropa para marcas tan reconocidas mundialmente como Mango, Primark, Benetton o Walmart. Tras el colapso, más de 1,000 personas murieron y más de 2,000 resultaron heridas, volviéndolo el derrumbe más letal por problemas estructurales en la historia y la peor crisis relacionada con fábricas textiles de la que se tenga registro.

Ante la indignación mundial producida por una catástrofe que a todas luces pudo haber sido evitada y que, además, puso a la vista el papel de la industria de la moda en la explotación de mujeres y niños de forma explícita, se creó el Acuerdo sobre el Fuego y la Seguridad de Edificios en Bangladesh. El propósito del acuerdo es mejorar las condiciones de trabajo y de vida de los trabajadores bangladesíes mediante inspección constante y acceso público de la información, con el fin de prevenir otro evento como el del colapso de Plaza Rana. Los firmantes del acuerdo incluyen a sindicatos internacionales y de Bangladesh, así como a marcas tales como H&M, Adidas, Hugo Boss y Puma.

Al ser un acontecimiento, el colapso de la Plaza Rana confrontó a la comunidad y la industria de la moda a tomar consciencia de sus prácticas, así como a hacerse cargo de su papel en el contexto del capitalismo financiero global y sus múltiples crisis, principalmente las que tienen que ver con los derechos humanos, las condiciones laborales, la explotación humana y natural, así como el cambio climático. El evento acaecido en Bangladesh es, además, el punto de partida para las reflexiones, proyectos y praxis de dos importantes personas en el ámbito de la moda: Carry Somers y Frank Zambrelli. Ambos estuvieron recientemente en CENTRO para compartir sus ideas y experiencias con los estudiantes y presentar dos perspectivas que, aunque divergentes, confluyen en la necesidad urgente de un nuevo acontecimiento, uno que represente una revolución verdadera y radical en el quehacer de la moda contemporánea.

Cambiar de accesorios
para cambiar el rumbo del planeta
Frank Zambrelli

Frank Zambrelli es un reconocido diseñador –tiene su propia marca de bolsas 1 Atelier– y branding executive que ha trabajado en el lanzamiento de productos de lujo de marcas como Monique Lhullier, Derek Lam y Marchesa. Sin embargo, a partir del colapso de la Plaza de Rana, el costo del quehacer tradicional de la moda en la vida de muchas personas y en la del planeta se volvió el centro de la discusión. En ese sentido, y siguiendo el ejemplo y pensamiento del Nobel de Economía Muhammad Yunus –quien dice que “la moda siempre ha ejercido influencia más allá de sí misma”–, Zambrelli decidió generar un cambio en la industria de la moda mediante la aplicación de diversos Objetivos de Desarrollo Sostenible previamente desarrollados por la ONU.

Como primer paso, Zambrelli se unió al Fair Fashion Center en Nueva York – del cual es Senior Advisor actualmente– y que tiene como meta presentar iniciativas, proyectos y estrategias concretas para lograr la unión de la rentabilidad y la sustentabilidad en los negocios y el diseño de moda. Según datos del propio Fair Fashion Center, la actividad de la industria de la moda influye en la vida de alrededor de 150 millones de personas, y contribuye con el 20% del gasto de agua y el 10% del total de emisiones globales de carbono. Con esto en mente, el Fair Fashion Center apela al trabajo constante con grupos y marcas reconocidas –por ejemplo: Gap, Nordstrom, Theory, Patagonia y el grupo LVMH, entre otras– con el propósito de generar lo que Zambrelli describe como un “rediseño cuántico de la moda.” Lo anterior apunta al interés por generar acciones que, en su conjunto, generen una ola de cambios que se acelere y logre modificar el panorama actual.

Zambrelli apunta que el eje principal para este cambio es la sustentabilidad –es decir, la capacidad de lograr los objetivos de consumo sin comprometer el futuro de las generaciones venideras– entendida desde tres pilares interrelacionados: lo social (las personas involucradas), lo ambiental (el impacto en el planeta) y lo económico (las ganancias o rentabilidad). Este enfoque de sustentabilidad aplicado específicamente a la industria de la moda genera tres áreas específicas a las cuales dirigir los esfuerzos: materias primas (que incluye todo lo relacionado con la agricultura, la ganadería y los productos animales), la manufactura (que se relaciona con los aspectos ambientales, químicos y energéticos, así como los aspectos laborales) y la basura (la cual incluye todos los recursos desperdiciados en las diferentes etapas).

A partir de este complejo análisis sobre las áreas en las que una perspectiva sustentable es fundamental, Zambrelli presenta soluciones prácticas y específicas que generarían un cambio decisivo en el quehacer de la moda. Algunas de éstas son:

  1. Invertir en y utilizar textiles y cuero que sean más sustentables: algodón orgánico o que provenga de pastoreo más saludable, así como curtido de bajo impacto.
  2. Materiales nuevos e innovadores: “cuero” hecho de hongos, fruta o medusas.
  3. Economía circular: fomentar el cierre del gasto y la reutilización de nuestros desechos.
  4. Reducir nuestro impacto social: garantizar equidad e igualdad (especialmente de género) en nuestras cadenas de producción.
  5. Un rebranding de la sustentabilidad: volver lo sustentable algo atractivo y redituable.

Basándose en dichas soluciones y estrategias de sustentabilidad, Zambrelli es parte de la Iniciativa NoCO2 que, como informa Forbes, busca generar el ímpetu necesario para reemplazar el uso de diesel en fábricas de ropa con energía limpia y redirigir los ahorros hacia los trabajadores. Con este tipo de acciones en favor de la responsabilidad y el cuidado del ambiente, se pone en marcha el cambio cuántico en la moda pues las diferentes partículas que la conforman empiezan a vibrar y moverse en resonancia hacia la configuración de una nueva realidad, una realidad más allá del desperdicio y más acá de lo sustentable.

La revolución fashion:
hacia la transparencia responsable
Carry Somers

Según Karl Marx, la economía capitalista opera constantemente en las sombras y sus actividades fundamentales se mantienen reservadas como un secreto que sólo unos cuantos tienen acceso. En esta línea, Marx escribe en El Capital que, para entender realmente los procesos de producción, tenemos que abandonar la esfera de intercambio y circulación de mercancías “que es accesible a todos los ojos, para dirigirnos […] hacia la oculta sede de producción.” Un acontecimiento como el colapso de la Plaza Rana justamente opera como una visibilización material de las condiciones que permiten la producción de ropa; en este caso particular, dicha visibilización vino a costa de una tragedia de gran escala y mostró que la moda puede ser letal.

En ese sentido, Carry Somers afirma que el suceso en Bangladesh evidenció que las marcas de ropa callaban o incluso ignoraban las condiciones con las que lidiaban sus trabajadores cotidianamente, provocando que muchas personas en las cadenas de producción de mercancías “murieran en nombre de la moda.” Como respuesta, partiendo de la experiencia que adquirió en el ámbito de Fair Trade Fashion en el manejo de su marca Pachacuti, Somers lanzó una campaña titulada “¿Quién hizo mi ropa?” para luchar en contra de la constante invisibilización de la producción de mercancías de moda y el trabajo –particularmente de mujeres de escasos recursos– que la vuelven posible. Dicha campaña es una de las primeras iniciativas del movimiento Fashion Revolution que, como su nombre lo indica, pretende lograr un cambio radical en el mundo de la moda a través de un red global de diseñadores, marcas, académicos, activistas, sindicatos, tiendas, etc., que trabajan juntos para modificar las prácticas contemporáneas por medio de estrategias mediáticas, acuerdos, campañas de concientización, entre otros. Como indica Somers, lo anterior tiene que generar un cambio de paradigma que pueda evidenciar las estructuras y garantizar el cambio sistemático en el quehacer de la moda.

Precisamente en un rechazo frontal al manejo encubierto de datos por parte de marcas, conglomerados y tiendas, Somers explica que la revolución en el mundo de la moda y el cambio radical que se requiere tienen como eje principal la transparencia y la rendición de cuentas. La trasparencia tiene como propósito una concientización y reducción de la explotación de trabajadores, mediante la publicación de datos respecto a las cadenas de producción, los materiales utilizados, las fábricas surtidoras y el impacto ambiental de las marcas, entre otros aspectos. Lo anterior pretende responsabilizar a todos los involucrados en la producción de ropa y accesorios fomentando la rendición de cuentas a los consumidores, quienes tienen derecho a saber quién, a costa de qué, en dónde y en qué condiciones se hicieron las prendas que adquieren.

Para desarrollar un entorno de transparencia y responsabilidad en la moda, Fashion Revolution ha desarrollado, además de la campaña “¿Quién hizo mi ropa?”, el Fashion Transparency Index . Este índice mide la trasparencia de marcas de ropa a nivel mundial basándose en 5 áreas clave:

  1. Políticas públicas y compromiso: políticas sociales y ambientales que la marca activamente fomenta.
  2. Gobernanza: Quién se encarga del desarrollo social y ambiental de la marca.
  3. Rastreabilidad: Publicación de datos sobre recursos, cadenas de producción, proveedores, etc.
  4. Know, Show & Fix: Cómo se corrigen y reportan problemas.
  5. Temas destacados: Equidad de género, empoderamiento femenino, reciclaje y reutilización, etc.

Con la publicación anual de reportes nacionales e internacionales, el Fashion Transparency Index genera una nueva cultura de transparencia informativa, dándole fuerza y poniendo énfasis en el interés de los consumidores –particularmente jóvenes– por enterarse de cómo se produce la ropa que compran. A su vez, la presión de los consumidores –que se vuelven activistas que abogan por mayor transparencia– lleva a las marcas a ser cada vez más transparentes y poder restaurar la confianza perdida por eventos como el de Plaza Rana. Una nueva normatividad con base en la transparencia y la responsabilidad activa un proceso de cambio tanto en el sistema como en la conducta de todos los involucrados en el proceso y las prácticas de la moda contemporánea.

Como reconocen tanto Carry Sommers como Frank Zambrelli, algunos de los retos actuales como la constante opacidad de la información, la explotación permanente de trabajadores en países pobres y la urgente necesidad de cambiar nuestras prácticas para hacer frente a la crisis ambiental, pueden parecer insuperables e imposibles. Sin embargo, es justo por eso que requieren de una revolución que ya no puede postergarse. Slavoj Žižek piensa que un acontecimiento revolucionario “no simplemente ocurre dentro del horizonte dado de lo que parece ser "posible"; redefine los contornos mismos de lo que es posible.” En ese sentido, la consigna es clara: atrevámonos a cambiar los límites de lo posible y busquemos actuar bajo nuevos paradigmas que nos permitan volver tangible eso que hoy sólo se encuentra diseñado en el espacio mismo de la imaginación.