Un diseño que mueve (hacia) la luz

Las máquinas […] han convertido en algo ambiguo la diferencia entre lo natural y lo artificial, entre el cuerpo y la mente, entre el desarrollo personal y el planeado desde el exterior y otras muchas distinciones que solían aplicarse a los organismos y a las máquinas. Las nuestras están inquietantemente vivas y, nosotros, aterradoramente inertes.

*Donna Haraway, Manifiesto para cyborgs.



La época moderna puso en el centro de su despliegue histórico las relaciones (y los conflictos) entre lo humano y lo natural. Con el auge de la ciencia moderna y el acelerado desarrollo que provocó, se vuelve imprescindible una reflexión en torno a las relaciones entre las personas y su entorno. Sin embargo, dicha ponderación está incompleta sin considerar que –como nos ha enseñado Donna Haraway– las máquinas han desarticulado las distinciones tradicionales y se han vuelto elementos indispensables de nuestra realidad pues configuran internamente nuestro cuerpo; así como los espacios íntimos y públicos que delimitan nuestras zonas de interacción. Nuestra comunicación es digital, nuestra realidad es maquínica y nuestra ontología es cyborg.

Bajo este contexto, se vuelve evidente la importancia fundamental que tiene un suceso como la conferencia anual ACM/IEEE International Conference on Human Robot Interaction, en la que se busca un diálogo profundo e interdisciplinario, así como una presentación de lo último en tecnología mundial, teniendo como eje las interacciones –básicas y aplicadas– entre humanos y robots. La edición 2019 de este evento tuvo lugar del 11 al 14 de marzo en Daegu, Corea del Sur, la ciudad más importante en desarrollos tecnológicos de este tipo. La conferencia contó con desarrolladores, profesores, estudiantes y pensadores provenientes de todo el mundo, y presentó cuatro conferencias magistrales de algunos de los más importantes especialistas en temas de robótica social, tecnología musical, ingeniería microrobótica y creatividad artificial.

La conferencia se llevó a cabo en un ambiente de creación y de exposición de nuevos productos que retan, modifican o expanden nuestras relaciones con los robots. De entre los múltiples concursos que buscan premiar a los proyectos más vanguardistas e innovadores en el ámbito de HRI –Human Robot Interaction–, hay uno en particular que reconoce el diseño de estudiantes (desde nivel preparatoria hasta doctorado). En la edición 2019, el primer lugar de dicho concurso fue otorgado a Lumigami, una lámpara interactiva diseñada por Alexa Martínez, Regina Vargas y Constantino Brito, estudiantes de la Licenciatura en Medios Digitales y Tecnología; únicos participantes de origen latinoamericano que asistieron a Daegu.

El nombre Lumigami surge a partir de dos matrices cruciales del proyecto: el origami –que se ve reflejado en los dobleces de papel que conforman la parte móvil de la lámpara– y la luz. Al ser interactiva, Lumigami responde –gracias a su mecanismo programado– a la actividad corporal del usuario: se prende y apaga con un doble toque en la superficie donde se ubica la lámpara y su apertura se regula mediante un movimiento ascendente o descendente de la mano. En palabras de Constantino, “la lámpara se hizo pensando en nuestras necesidades. Nosotros le decimos [con el cuerpo] lo que necesitamos y lo hace. […] Es algo con lo que te puedes relacionar y que no se ve intimidante.”
Puesto que la base principal del proyecto recae justamente en las necesidades que se presentan en la vida cotidiana –por ejemplo, prender la luz paulatinamente al despertarse por la mañana–, los asistentes a la conferencia rápidamente entendieron el propósito y la funcionalidad de la lámpara. Lo anterior refleja el enfoque transdisciplinario de la Licenciatura en Medios Digitales y Tecnología, que busca formar tecnólogos creativos que sean técnicamente expertos pero que mantengan un enfoque humano y social. Según Alexa, eso fue precisamente lo que distinguió a Lumigami de otros robots pues, aunque había otros con mecanismos o programación mucho más complejos o avanzados, “muchos no funcionaban y [sus diseñadores] no estaban pensando en quiénes lo iban a usar. […] El punto no es que el robot funcione, sino que el robot funcione para ti.”

Según Nick Bostrom, “la realidad virtual, el diagnóstico genético pre-implantacional, la cirugía cosmética o de cambio de sexo, las interfaces humano-computacionales, [entre otras], son tecnologías que ya existen o que aparecerán en las próximas décadas. La combinación de estas capacidades tecnológicas está transformando profundamente la condición humana.” Estamos en una nueva época de lo humano en donde nuestras conexiones con el mundo animal y las máquinas se hallan en una radical transformación. Sin embargo, esta radical modificación presenta la posibilidad de un nuevo diseño: un diseño creativo y centrado en las personas que no rehúya de los avances tecnológicos, sino que los use responsablemente. Un diseño como el de Lumigami puede llevarnos a una clase inédita de convivencia humano-tecnológica y ayudarnos a dejar atrás nuestra inercia colectiva. Llegaríamos así a un diseño que nos mueve hacia una nueva luz.