¿Qué vestiremos cuando vivamos en Marte? | Lisa Lang

Hay que volver a dinamizar, promover de nuevo la interrogación sobre la moda, objeto fútil, fugitivo, «contradictorio» por excelencia pero que, por ese mismo motivo, debería estimular tanto más la razón teórica.

*Gilles Lipovetsky, El imperio de lo efímero

Lisa Lang contagia a todos con su entusiasmo por la tecnología y la moda. Al hablar sobre las posibilidades que tiene la ropa gracias a su fusión con la tecnología, Lang es capaz de encender la imaginación y ponernos a soñar con los ojos abiertos. Sin embargo, su entusiasmo es producto de una visión crítica, de una conciencia histórica y de una experiencia personal y profesional que la han vuelto una de las mujeres más importantes en el ámbito de la tecnología a nivel mundial según Forbes.

El entusiasmo de Lisa Lang proviene de saber que “la tecnología es aliada y no enemiga de la moda.
La tecnología no sustituye a las técnicas tradicionales de costura o confección, sino que las vuelve más necesarias que nunca; lo que hace es que las adapta a las nuevas necesidades que tenemos.” En ese sentido, la tecnología se debe entender como una herramienta más para construir nuestra ropa del futuro porque, a pesar de que no estamos seguros de cuándo llegaremos a Marte, lo que queda claro es que tendremos que vestir algo que nos permita vivir en otro planeta. Y no sólo eso, sino que esa ropa debe ser –además de funcional– estética y vanguardista; debe ser algo que las personas quieran usar.

En su visita a CENTRO –que marcó el inició de las actividades en conmemoración de nuestro Año Quince y el lanzamiento de la Maestría Global Fashion Management en colaboración con el FIT de Nueva York– Lisa Lang partió de esta visión para compartir su experiencia en el mundo de la moda y la tecnología vestible en una conferencia y un taller, y reveló las diversas maneras en las que el futuro de nuestra ropa ya está aquí.

Una relación histórica: moda + tecnología

Tanto en la Licenciatura en Diseño Textil y Moda como en la Maestría en Global Fashion Management de CENTRO, los estudiantes reciben una formación que –además de proporcionar las habilidades técnicas para la construcción de prendas y accesorios– les permite entender a la moda como un sistema y una serie de prácticas que están insertas en un contexto político, económico y social determinado. Así, la comprensión de la moda como fenómeno cultural en un sentido amplio permite analizar y generar una visión crítica de las tendencias, situándolas en una historia de las sociedades que las producen. La moda es pues una de las diferentes aproximaciones que pueden decirnos quiénes hemos sido y quiénes podemos ser.

Con ese criterio es posible ver una prenda como la expresión de su tiempo y de las necesidades de quienes la crean. Hoy nos situamos en un contexto en el que, ante el avance tecnológico y los problemas ambientales en nuestro planeta, hay un enorme ímpetu por habitar Marte. Inverse publicó recientemente un artículo en donde presentó el plan de SpaceX para poblar el planeta rojo. Su CEO, Elon Musk, ha estimado que su compañía proporcionará el primer viaje comercial a Marte en 2021 y la primera colonia en 2050. Ante esta necesidad, Lisa Lang plantea que dos cosas son claras: primero, que tendremos que vestir algo en Marte y, segundo, que este encuentro problemático entre nuestras necesidades tecnológicas y nuestra ropa ya ha aparecido antes en la historia.

Si miramos al pasado, nos damos cuenta de que ha habido momentos en los que los avances tecnológicos se han encontrado con la moda. Por ejemplo, el zipper fue desarrollado en 1851 por un ingeniero y, posteriormente, fue aplicado y embellecido por diseñadores de moda. Sin embargo, el contexto es importante. Al mismo tiempo en el que surge el zipper, el automóvil estaba revolucionando el transporte de personas y objetos. Un transporte más rápido volvía necesario una vestimenta que pudiera abrocharse y desabrocharse con facilidad. Los cambios en la movilidad llevaron al desarrollo de una nueva forma de (des)vestirse. Otro ejemplo es el caso de la bicicleta, la cual obligó a diseñar un traje para que las mujeres pudieran usarla.

The Zipper | Illustration by Kate Kilpatrick-Galbraith

The athletic suit for women | Illustration by Kate Kilpatrick-Galbraith

Sin embargo, hay veces en las que ocurre lo opuesto y es la moda la que predice lo que necesitaremos en el futuro. En 1939, la revista Vogue le pidió a un grupo de artistas y diseñadores que imaginaran qué vestiríamos en el año 2000. Los resultados son sorprendentes pues se asemejan mucho de lo que hoy vestimos con regularidad. Por ejemplo, una diseñadora dijo que un solo vestido se adaptaría para usarse a lo largo del día y en diferentes contextos –lo cual remite al wrap dress de Diane von Fürstenberg o a la colección Seven Easy Pieces que transformó la carrera de Donna Karan–, mientras que otro artista imaginó que habría zapatos con un tacón que funcionaría como un voladizo para dar máximo soporte –algo que Nike ha consolidado con su serie de tenis Air Max basada en bolsas de aire desarrolladas por un ingeniero aeronáutico–.

Como revelan los anteriores ejemplos, la tecnología vestible no es un invento reciente pues la moda siempre se ha relacionado con la tecnología (y viceversa). Sin embargo, Lisa Lang propone una colaboración activa, un trabajo en equipo que permita potencializar la unión entre la emoción de la moda y la funcionalidad de la tecnología. Para eso fundó ThePowerHouse, un think tank para conectar a diseñadores, ingenieros y expertos en tecnología. En sus palabras, “la ropa tiene que ser capaz de hacer más que sólo cubrirnos.
Esto ya ha pasado antes de manera involuntaria; lo que tenemos que hacer ahora es construir los puentes necesarios para que esto ocurra constantemente.”

Una moda para el futuro: tecnología, funcionalidad, sustentabilidad

El siguiente paso para los diseñadores de moda –y los diseñadores en general– es volver accesible a la tecnología; es decir, llevar a lo tecnológico de la mera funcionalidad al diseño. Desde una perspectiva histórica, esto ya está ocurriendo. Algunos ejemplos notables son, por un lado, la ropa deportiva, la cual antes respondía meramente a su utilidad práctica y la comodidad pero que hoy –como evidencia la colaboración Y-3 de Yohji Yamamoto con Adidas– representa uno de los ámbitos más importantes en la moda; y, por otro lado, la forma en la que marcas como Supreme han llevado el streetwear a las pasarelas más importantes.

En esta misma línea, Lisa Lang menciona que el diseño contemporáneo está impulsado por la funcionalidad pero también por la sustentabilidad, sin dejar de lado los factores estéticos. La ropa debe adaptarse a nosotros de una manera en que logremos reducir nuestro impacto nocivo en el ambiente. Para cumplir con estos estándares, la tecnología es indispensable y hay que desmitificarla. Como opina Lang, “los diseñadores deben de ir hacia otras disciplinas y a otros contextos para ser los pioneros en adaptar la tecnología de una manera bella y exitosa.” Cuando esta colaboración entre el diseño y la tecnología no se da, ideas que parecerían interesantes fallan en su implementación. Un caso notorio es el de Google Glass, unos lentes interactivos que tuvieron ventas desastrosas porque no tenían un uso evidente ni eran estéticamente atractivos.

Sin embargo, hay ocasiones en las que la colaboración entre el diseño y la tecnología trae resultados exitosos o que podrían revolucionar nuestra manera de vestir a corto plazo y presentar nuevos retos técnicos, estéticos e incluso éticos. Por ejemplo:

  • - Ralph Lauren presentó unas camisas - Polo biométricas que pueden medir el ritmo cardiaco.
  • - Pauline Van Dongen diseñó una camisa con paneles solares que pueden cargar cualquier dispositivo electrónico con USB.
  • - Google colaboró con Levi’s para desarrollar una chaqueta inteligente, hecha de hilo conductor de señal con capacidad para Bluetooth y actualizaciones de software.
  • - Tina Gorjanc creó –gracias al cultivo celular– una serie de prendas y accesorios de cuero humano utilizando el material genético de Alexander McQueen.

Este tipo de transformaciones en donde la tecnología vestible se vuelve un eje de la moda parecen amenazar las habilidades tradicionales de costura, tejido, confección, patronaje, marroquinería, etc. Sin embargo, Lisa Lang explica que todo esto será indispensable para la creación de nuevas prendas que se adapten al futuro.

Además del caso de Ralph Lauren antes mencionado en donde la tecnología conductiva fue aplicada por una costurera que pudo confeccionar la prenda con el hilo adecuado, hay un ejemplo histórico de enorme importancia: el traje espacial de Neil Armstrong. A pesar de que ya existía toda la tecnología y el conocimiento científico que determinaba las características necesarias que el traje debía cumplir, ningún ingeniero o físico de la NASA podía crearlo. Fue una diseñadora de brasieres la que pudo coserlo y ajustarlo para garantizar el balance perfecto entre flexibilidad y fuerza.

The History of the Spacesuit | Illustration by Kate Kilpatrick-Galbraith

Hoy, tenemos todo lo necesario para crear la ropa adaptable y protectora que usaríamos en Marte, un planeta sumamente ventoso y venenoso. Conociendo la historia, sabemos que, al enfrentarnos a una nueva situación con restricciones especiales, una alianza entre tecnología y moda es crucial. Lo último que falta es, como dice Lisa Lang, que actuemos siempre con determinación y desde la belleza.